Si el en siglo XIX, la estancia en Roma suponía para un artista la oportunidad de ver en directo la gran pintura del pasado, aquella que se refería a dioses, héroes y mitologías, durante la primera mitad de este siglo París se convirtió en la ciudad en la que dirimían los retos más vivos, las experiencias estéticas más drásticas y renovadoras. Nueva York lo tomó el relevo, siendo pocos los artistas que no consideraron la posibilidad de una estancia o, al menos, un viaje. Fernando Sálchez lo hizo, es de suponer que con los ojos bien abiertos, cuando se daba a conocer como pintor y mostraba sus devociones hacia artistas de la llamada Escuela de Nueva York.
Estado: Muy bien | Tapa blanda con sobrecubierta ilustrada.
Editorial: Junta de Castilla y León | 1997
Páginas: 133
Medidas: 27x22 cms.
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SKU: 4/2-5
11,00 €Precio
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